
Mira quien habla
Debajo de los sauces del Batallón 13
Oscar López Balestra, ex diputado blanco e investigador
Investigó en 1985 enterramientos en las unidades militares.
Dice que los árboles fueron plantados en 1976, coincidiendo
con la posible fecha de las ejecuciones.
MARCELA MORETTI
-¿En 1985 visitó el Batallón 13 con un ex soldado?
-Un día mi secretario me dice: hay un muchacho que quiere
hablar con usted porque le tiene confianza, pero con la
comisión investigadora no. Estaba esperándome en mi
despacho. Era un muchacho modesto con ese tono de voz típico
del norte que me dice: "mire, yo fui soldado. En la comisión
no me animo a hablar pero yo enterré gente en el batallón
13. Yo los llevaba como quien lleva una bolsa de papas y los
tiraba en una fosa, un agujero de metro y pico de
profundidad. Yo no veía, sabía que eran muertos pero no veía
porque iban en bolsas". Se llama Ariel López Silva y vive.
-¿Y qué fue lo que pasó en la visita?
-Después de la primera charla a los pocos días volvió. Yo le
pregunté si se animaba a ir conmigo. Nos llevó un amigo mío
en su camioneta. Llegamos y en el portón yo aduje mi
condición de presidente interino de la Cámara de Diputados.
Pedí por el oficial a cargo. Vino un militar joven y
simpático. Yo le explico que estoy con un ex soldado. El
hombre le preguntó a López Silva cómo se llamaba y si había
trabajado allí. López Silva le contestó que sí. Después me
preguntó qué se me ofrecía y yo le dije que quería ver un
lugar dónde el ex soldado decía que había enterrado gente.
Nos dejó pasar y nos acompañó. López Silva iba caminando con
pasos largos un poco más adelante y yo un poco más atrás
conversando con el hombre. Yo le explicaba el trabajo de la
comisión. Cuando pasamos una cancha empezó a bajar el
terreno y López Silva se paró. Le pregunté qué le pasaba. Y
me dice: "pero esto no era así. Acá no había árboles". Y
entonces el alférez que nos acompañaba esbozó una sonrisa,
como diciendo este está loco. Yo le pregunto a López Silva
cuándo había enterrado. Y él me dice que enterró en el 76.
Mire, yo entiendo de árboles, le dije, tuve campo. Claro que
no estaban los árboles, esos árboles no tienen más de seis o
siete años. Eran sauces que son una especie que crece
rápido. Ahora deben tener 30 años, en el 85 no. Y él ahí
repite su testimonio: yo los traía en una carretilla y los
tiraba como si fueran bolsas de papas.
-¿Y usted qué hizo con esa información?
-Lo transmití a mis compañeros de la comisión. Quedó
registrado en las actas. Después López Silva desapareció y
yo no supe nada de él hasta años después. Y volvió a repetir
su historia. Después la comisión llegó a una conclusión, en
su informe final habló de desaparecidos y dio todos los
nombres que aparecen en las fotos de las marchas. La nómina
está en el Poder Legislativo. Decíamos que eran
desaparecidos muertos por tortura.
-¿Está convencido de la edad de los sauces?
-Totalmente. Eran arbolitos de esa edad. Y donde estaban
coincidía con el lugar de enterramientos que señalaba el
muchacho.
-¿En qué quedó la investigación del Parlamento?
-Las comisiones terminaron al principio del 86 y remitimos
los informes al Poder Ejecutivo y al Judicial. Es más,
estando en ejercicio de la Presidencia de Diputados en el 85
se me pide que intervenga porque, aunque había gente que
decía que no pasó, la Justicia actúa a partir del informe de
la comisión parlamentaria y presiona a los militares para ir
a declarar. Algún juez tuvo un poco más de audacia y empezó
a hacer algo. Entonces, me piden de la Presidencia que hable
con el comandante en jefe del Ejército, Hugo Medina, porque
el general hizo casi toda su carrera militar en Tacuarembó y
se casó con una mujer de allí, amiga de mi hermana. Se ve
que eso llegó a oídos del presidente Julio María
Sanguinetti, que quería saber si Medina iba a dejar declarar
a los militares. Me llama Medina, me saluda, me pregunta por
mi hermana y me dice que tiene que hablar conmigo por el
informe de la comisión. Y nos reunimos en la comandancia.
-¿Qué pasó en esa reunión, qué le dijo sobre comparecer
en la Justicia?
-Me dijo que ningún militar iba a ir a declarar a la
Justicia, que él era el responsable. Eso era lo que había
salido del pacto del Club Naval, es obvio que entregaron el
gobierno a cambio de que nadie iba preso. ¿Qué hacía
Sanguinetti si se resistían? Porque habían entregado el
gobierno pero no el poder. Por eso la ley de Caducidad. Para
muchos que dicen que nunca hubo exhortos, que terminaron en
una caja fuerte, a mi Medina no me los mostró pero me dijo:
ahí están los exhortos pero yo no voy a permitir que ningún
integrante de las Fuerzas Armadas vaya a declarar. Yo le
dije que eso era un desacato y me dijo que lo tomara como
quisiera. También me aclaró: yo estoy abierto al diálogo, la
prueba está en que hubo apertura democrática.
-¿Usted le preguntó por los desaparecidos?
-Le hablé de mi preocupación por el tema. Le pregunté si
estaban desaparecidos o muertos. Están muertos, me dijo.
Entonces le pregunté por qué no confesaban y me dijo que no
era el momento. Le dije que no había momento para eso, que
había viudas que no sabían que eran viudas, que había
sucesiones que se tenían que abrir, que la vida seguía para
el resto de la familia.
-¿Y qué le respondió a su planteo?
-Me dijo: mirá, sobre el asunto este de los desaparecidos,
¿no será mejor que tengan la ilusión de que están vivos? Así
tal cual. Ahí se me desmoronó Medina totalmente. Me invitó a
almorzar y le dije perdoname pero no tengo ganas de comer
nada. Era el año 85. Y después tuvo el premio de ser
ministro de Defensa en el gobierno de Sanguinetti.
Fuente: Suplemento Qué
pasa – El País – sábado 7/10
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