
EDITORIAL JULIO 07
La Nueva Derecha
Según cuenta la historia, la corte de Luis XIV disfrutaba de la
selecta música de cámara (como se sabe, en la Edad Media siguiendo los
caminos de la Roma imperial, los artistas eran protegidos por los
mecenas de turno: emperadores, luego reyes, príncipes, el Papado...,
quizás los más famosos hayan sido los florentinos de la casa de
Medici).
La corte real francesa se deleitaba escuchando las melodías clásicas
de la época rococó, ya que el romanticismo aún estaba distante. Se
cuenta que a la derecha del rey se ubicaban sus seguidores más fieles,
y a la izquierda del mismo, donde se ubicaba la reina, se sentaban sus
amistades y sus seguidores/as. Como es sabido en estas cortes la
intriga y la conspiración era un modo de vida permanente y singular.
De ahí el concepto de “derecha”, de los albores del medioevo, también
se vincula a la revolución francesa, en cuya convención estaban los
girondinos, caracterizados como derecha, los jacobinos, caracterizados
como izquierda radical, y la montaña, donde estaban –digamos- los
“ultra”, entre ellos Graco Babeuf y sus seguidores. Conceptos de
derecha e izquierda pues, han convivido históricamente en los avatares
de la política.
La revolución Rusa incorporó el concepto de “bolchevique” mayoría, y
“menchevique” minoría; la lucha interna dentro del partido Obrero
Social Demócrata ruso. Posteriormente las definiciones de derecha e
izquierda conviven con el concepto de “centro”; de ahí derecha, centro
derecha; izquierda, centro izquierda. Así transcurren las historias
políticas de los últimos siglos. Agréguese los conceptos de
“conservadores”, sinónimo de derechismo, y “liberalismo” sinónimo de
izquierdismo, según el país y la época.
En nuestro país, históricamente se identificó la izquierda con el
partido socialista y el partido comunista; luego, con el Frente
Amplio, se genera la unión de todas las corrientes marxistas,
cristianas, y progresistas de izquierda. El Partido Nacional siempre
se caracterizó como un partido conservador de derecha, de sesgo
nacionalista, pero de derecha. El Partido Colorado, con su corriente
principal, el Batllismo, y por enfrentar al conservadurismo del
Partido Nacional, se ubicó como una gran corriente política, popular,
progresista, y, en ciertos aspectos, de izquierda; hasta el quiebre de
las raíces de su fundador, José Batlle y Ordóñez, en la cual su
identidad con el Partido Nacional, a través de pactos de
gobernabilidad lo hicieron, ante la opinión pública, un partido de la
clase dominante, ligada al neoliberalismo, al capital financiero, y a
la negación de las mejores historias del Batllismo auténtico.
¿Porqué una nueva derecha?
A nivel internacional (el triunfo de Sarkozy en Francia, que se suma a
otros triunfos derechistas en Europa, a una elección muy complicada
municipales en España y a una victoria conservadora en Suecia)
asistimos a la aparición de líderes conservadores que reconocen que
son conservadores, que sostienen y defienden una política de derecha
con inteligencia y, lo que es peor, con programas que son restrictivos
de las conquistas sociales, que tienen un tufo nacionalista fóbico,
que reclaman poder y autoridad para, en nombre de la patria y la
nación, sostener una política revanchista en lo social y de sueños
imperiales.
Por aquí cerquita, en el Río de la Plata, el triunfo de Macri en
Buenos Aires, no es más que una expresión de esa realidad. Que en
nuestro país, en el partido Colorado, surja una candidatura
presidencial de un Bordaberry, es un síntoma de que algo sucede en las
sociedades contemporáneas. En lo que nos atañe a nosotros, en Uruguay,
la izquierda que está en el gobierno, necesita realizar una análisis
muy profundo de su ubicación político ideológica en la realidad. Salir
de los esquemas rígidos, de los principios inalterables de las
catedrales góticas, pasa a ser un desafío para la sobrevivencia de la
propia izquierda.
Hoy más que nunca, hay que atreverse a reafirmar la frase de Carlos
Marx, en la Crítica del programa de Gotta, del partido Socialista
Alemán en el SXIX, que “más vale un paso real en movimiento que cien
programas”, esto, dicho así, parecería una apostasía, pero aunque
alguno no lo crea, la política según Artistóteles, sigue siendo el
arte de lo posible, y, en ese marco, me siento un “posibilista”, si
ello sirve, para que los trabajadores y el pueblo, sigan comprendiendo
a la izquierda, y apoyándola.
La izquierda pues necesita revisarse, no perder su esencia, por el
contrario, revitalizarla con ideas creadoras y una lucha sin tregua
contra el corporativismo y el perfilismo que lleva al estanco y a
comprometer las posiciones ganadas.
Porque, señores, en lenguaje militar: posición ganada no supone
posición consolidada.
Dari Mendiondo Bidart
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