Mucha agua ha corrido bajo los
puentes, desde la alborada del Grito de Asencio del 28 de febrero
de 1811; desde las célebres Instrucciones del Congreso de Abril de
1813; desde que Artigas, acampado en el 1815, en el histórico Paso
de la Arena, encomendara a su primo hermano Fernando Otorgués
asumir el gobierno de Montevideo, y enarbolar la bandera tricolor
inspirada en los colores de la Revolución Francesa. La reacción
interna hizo abortar un proceso amparada en la protección
extranjera, hasta que se produce el desembarco de los "33" y las
luminarias que nos dio la independencia el 25 de agosto de 1825.
La historia de la República Oriental del Uruguay ha estado
sembrada de actos heroicos, para afirmar una nacionalidad y una
identidad, más allá de los conceptos de patria independiente y
soberana.
No analizaremos los entornos
geopolíticos y extracontinentales que gravitaron, incidieron, en
el desarrollo de los procesos a que nos referimos. Solamente
podremos mencionar al libro de Charles Hudson, "Tierra Purpúrea",
como una demostración y prueba de lo difícil, complejo y dramático
que resultó el encuentro, el desencuentro y el reencuentro de los
uruguayos. Acaba de celebrar el Partido Nacional los 150 años de
su existencia, otro tanto es el tiempo del Partido Colorado, y en
germen podremos afirmar que las ideas de transformación y de
cambio nacieron, se incubaron, con la patria misma, que están
expresadas en el legado teórico de las ideas artiguistas, y en la
práctica revolucionaria del conductor de los pueblos libres.
El Frente Amplio nació en 1971,
inspirado en el ideario artiguista, y de allí el color de su
bandera, pero sintetiza cerca de 200 años de evolución de un
pensamiento libertario, democrático, revolucionario, que se
manifiestan en estas tierras con la influencia que generó el
desembarco de las tropas inglesas que traían por la fuerza de las
armas la voluntad de un imperio, pero también la representación de
las fuerzas nuevas que pugnaron por romper el sistema feudal
atrasado en la Europa caduca y decadente. De ahí las nociones de
libertad de comercio, de libertad de pensamiento, y junto con los
fusiles llegó el intercambio de mercancías y la utopía de Tomás
Moro, el primer socialista utópico junto con el célebre Campanella
en Italia en el SXVIII.
Somos pues, parte de una civilización
que se ha caracterizado por el afán de avanzar conquistando, así
los griegos se instalan con la Magna Grecia en el sur de Italia;
luego Rómulo y Remo transforman la Roma de la Loba en un Imperio
que llega al Asia menor y Egipto, conquista Iberia, la Galia y a
los Germanos; Julio César cruza el Rubicón, derriba la república e
impone el imperio; posteriormente España conquista parte de
América, Portugal a Brasil, y los sajones en el Norte de América
junto a franceses y españoles. Pueblos conquistados, pueblos
sometidos, civilizaciones aplastadas, la historia de la humanidad
es una historia difícil de comprender, como la ley del más fuerte
imponiéndose como una necesidad objetiva del desarrollo de las
civilizaciones. Nadie fue vencedor absoluto, de una u otra manera
los invasores fueron absorbidos generándose nuevas relaciones
étnicas y complejos mundos de convivencia mercantil, cultural y
social; de ahí que el mundo de hoy sea europeo, euroasiático,
indoamericanista y afroamericano, por decir algo.
Este es el mundo que nos toca vivir,
no lo hemos elegido, sin embargo tenemos el atributo de poder
interpretarlo.
El Uruguay como parte, como porción minúscula de ese gran universo
de complejidades que es esta civilización que nos toca vivir, hoy
a ciento setenta y seis años de la Jura de la Constitución tiene
un gobierno, por primera vez, definido como progresista, de
izquierda, aplicando en su política propuestas y realizaciones
nunca vistas en el país; lo que más se le puede asemejar fueron
las obras de Don José Batlle y Ordóñez, del cual rescatamos lo
mejor, y tratamos de profundizar particularmente y darle los
contenidos nacional, liberador, soberano, social y humanístico.
En eso el rol del Dr. Tabaré Vázquez
no sólo es significativo, sino histórico. En su política trata de
hacer un gobierno realmente al servicio de las mayorías, con una
obra social que rescate realmente a los más infelices del abandono
y del desamparo. No es el momento de hacer balances y dar cifras,
pero sí es el momento de reafirmar nuestro incondicional apoyo a
la estrategia, a la política y los actos de gobierno que encabeza
y ejerce Tabaré.
Nunca el Uruguay ha tenido en el
gobierno una sensibilidad humana como el gobierno del Frente
Amplio. Eso no quiere decir que no admitamos falencias, incluso
errores; pero ellos no son consecuencia de falta de honestidad o
de falta de transparencia. Podrá haber imperfecciones por
impericia, por inexperiencia, por desborde, e incapacidad de
absorberlos, pero no hay deshonestidad, no hay un factor de
inmoralidad, de carencia de ética; por el contrario hay un equipo
de hombres y mujeres que se desvelan por tratar de hacer las cosas
bien, como hay una oposición falaz que trata de destruir a
cualquier costo la buena imagen que este gobierno despierta con
sus actos.
En síntesis, se está en el cambio, se
está en el camino correcto, nos consideramos parte de este
gobierno, responsables ante el pueblo por lo que este gobierno
hace, nos sentimos orgullosos de que la historia nos haya brindado
esta oportunidad de abrir un camino nuevo en le República, y que
reencuentre al Uruguay con más producción, con más trabajo, con
más comercio, con mejores sueldos y jubilaciones, con más
educación, con mayor disfrute cultural, como lo ha sido la
celebración de los 150 años del Teatro Solís, como lo son las
esquinas culturales en Montevideo, el knok out a las drogas,
porque queremos una juventud apartada del delito, sanamente, que
nos reencuentro con medallas olímpicas como tuvimos en el pasado.
Por lo tanto, trabajamos para llegar
al gobierno, respaldando a Tabaré Vázquez, estamos en el mismo
camino, del cual como decía el Che Guevara: "para atrás, solamente
para tomar impulso".
Dari Mendiondo Bidart