
Fumata en Plaza Independencia
Por curiosidad y también, porqué no decirlo, preocupación
por el tema de la viabilidad de legalizar, no el consumo
porque no es penalizable, sino la comercialización que sí es
un delito, pero que sin embargo es una parte de la compleja
realidad que nos toca vivir en este mundo de hoy, estuvimos
ahí. En realidad, entre nosotros, no hubo ninguna sorpresa,
porque quienes vivimos en Montevideo y llegamos a nuestras
casas por la noche, es habitual y común ver en las esquinas
núcleos de jóvenes que deliberan, cantan, y también se fuman
algún “porro”.
Por mi edad , ese fenómeno no se da en los cumpleaños, pero
no escapa a nadie que no hay actividad social en que este
elemento no sea parte de la vida. Y no sólo jóvenes.
Entonces, como estamos para desmitificar, mitos y fetiches,
y buscamos ser realistas, estuvimos ahí. Claro está, en ese
pequeño mar de jóvenes pensarían que yo era un “tira”, pero
circulé libremente y conviví ese momento de libertad que la
gente sentía al juntarse y disfrutar, admitamos, lo que se
considera un hábito normal.
No hablamos de vicios, porque los hay peores y son admitidos
por la ley; nos tocó estar en Moscú cuando el Estado tenía
la principal recaudación con la venta de vodka, y como
jóvenes y viejos se emborrachaban y caían en la vía pública
y los parques como bolsa de papas. Y estábamos hablando de
la catedral del comunismo.
Entonces, estoy harto de hipocresías en este mundo. Quiero
soluciones reales a problemas reales, con la paciencia que
da el tiempo, eso sí, pero hay que trabajar y ganar a la
sociedad para asumir decisiones que serán innovadoras, y
además libertarias.
Dari Mendiondo
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