El telón
cayó finalmente este miércoles para Tony Blair tras diez años de
gobierno en Gran Bretaña, del que ahora se hizo cargo su ministro de
Finanzas, Gordon Brown.
Tras haber dominado durante este decenio la política británica, Blair,
de 54 años, se dirigió al palacio de Buckingham con su esposa Cherie
donde presentó en audiencia privada su dimisión a la reina Isabel II.
Gordon
Brown, de 56 años, espera el momento de asumir desde hace años,
abriendo un nuevo capítulo en la política nacional de ese país.
Por otra
parte, crecen los rumores sobre la inminente designación de Blair como
enviado del Cuarteto (Unión Europea, Rusia, Estados Unidos y Naciones
Unidas) a Oriente Medio.
Las discusiones del Cuarteto en Jerusalén el martes no fueron
concluyentes en este punto, pero el primer ministro irlandés, Bertie
Ahern, afirmó que Blair está listo para asumir esas funciones.
Gordon Brown se convertió en el 11º primer ministro del reinado de
Isabel II sin elecciones, en su condición de nuevo jefe del partido
mayoritario en la Cámara.
Accede al puesto tras haber trabajado junto a su amigo Blair para
hacer resurgir al laborismo británico y llevarlo al poder en 1997.
Menos
carismático que su predecesor, este austero hijo de un pastor escocés
se presenta como un político determinado a afrontar "el desafío del
cambio", ejercicio difícil tras una década como hombre fuerte y
ministro de Finanzas del gobierno de Blair, con quien no obstante se
fue distanciando.
Brown
prometió un cambio de estilo, más discreto, como lo está siendo sobre
sus prioridades en su nueva responsabilidad. Aunque los analistas no
esperan cambios mayores en la política británica. Brown perfila su
nuevo gobierno mientras saborea el paso a las filas laboristas de un
diputado que el martes abandonó a los conservadores. Quentin Davies
acusó en una carta al jefe del partido conservador (principal partido
de la oposición) de "cinismo, superficialidad, y falta aparente de
convicciones".
Una muy
buena noticia para los laboristas, puesto que casi todos los sondeos
pronostican un triunfo de los conservadores de cara las próximas
legislativas, previstas para el año 2009 y que la oposición pide ya a
Brown que convoque inmediatamente, como prueba de legitimidad.