
LAS MULTINACIONALES Y EL ESTADO NACIÓN
Extracto de un trabajo de
PETER DICKEN del mismo nombre.
Peter Dicken es profesor de geografía en la Universidad de
Manchester y se ha desempeñado como profesor invitado en
Estados Unidos, Canadá, Australia y Asia. También trabaja
como consultor de la UNCTAD (Conferencia de Naciones Unidas
sobre Comercio y Desarrollo).
"Lo que sí nos preocupa -y que, de hecho, constituye el
punto central de este artículo- es la idea de que una de las
principales causas de la supuesta defunción del Estado
nación es el surgimiento de otra institución, a saber, las
empresas multinacionales. El argumento que sostiene esta
idea es engañosamente sencillo.
Podríamos plantearlo más o menos de la siguiente manera: en
primer lugar, las empresas multinacionales son empresas
gigantescas con activos y ventas superiores al PNB de muchos
países. Uno de estos estudios afirmaba que "de las cien
unidades económicas más grandes del mundo actualmente, la
mitad son países y la otra mitad son empresas
multinacionales." (Benson and Lloyd, 1983, p. 77). En
segundo lugar, la naturaleza multilocalizacional de las
empresas multinacionales, con operaciones que se llevan a
cabo en numerosos países, las hace insensibles a las
necesidades de cualquier país en particular. Les permite
modificar sus operaciones una y otra vez y con suma rapidez,
de un país a otro, en respuesta a las circunstancias
cambiantes y, por lo tanto, disminuyen el poder de los
gobiernos nacionales para implantar sus propias políticas
económicas.
Si a una corporación multinacional no le agrada la actuación
de un gobierno -o de un sindicato- le basta con trasladarse
a otro país (o al menos amenazar con trasladarse). Se
sostiene que frente a un poder tan enorme y ante tamaña
flexibilidad geográfica, el tradicional Estado nación,
atrapado en sus fronteras territoriales fijas, no tiene
capacidad de respuesta.
Al igual que en la mayoría de los mitos, existe un fondo de
verdad en esta opinión. Las empresas multinacionales,
especialmente las más grandes, tienen una flexibilidad
considerable. En la medida en que controlan una 'parte' de
las economías nacionales individuales a través de sus
filiales, pueden, en efecto, presentar ciertos obstáculos a
la autonomía económica nacional. Sin embargo, sería un grave
error extrapolar a partir de esto y sostener que las
empresas multinacionales son actualmente los agentes que
"controlan" la economía global y que los Estados nación son
meros peones en el tablero de ajedrez dominado por estas
multinacionales.
La verdadera situación es mucho más compleja de lo que
sugiere este simple estereotipo. Es mucho más realista
pensar que tanto las empresas multinacionales como los
Estados nación se encuentran imbricados en unas
interacciones sumamente complejas y dinámicas, en las que
existe un alto grado de interdependencia y negociaciones
mutuas. La opinión de Gordon es que "quizá resulta más útil
ver la relación entre las multinacionales y los gobiernos a
la vez en un marco de cooperación y de competencia, de
entendimiento y de conflicto. Ambas funcionan en una
relación plenamente dialéctica, ciñéndose a papeles y
posiciones unificados y contradictorios, en las que ni el
uno ni el otro son capaces de dominar de manera clara o
absoluta... Las empresas multinacionales ni son
todopoderosas ni están cabalmente preparadas para dar forma
a una nueva economía mundial por sí solas" (Gordon, 1988,
pp. 61, 64).
De la misma manera, escribiendo desde una perspectiva muy
diferente, Ostry afirma que "el panorama internacional de
los próximos decenios no estará definido ni por los
gobiernos ni por las instituciones internacionales, sino por
la interacción de estos dos actores principales, a saber,
los gobiernos y las empresas globales" (Ostry, 1990, p. 1).
Mi argumento básico, por lo tanto, es que la estructura
geográfica cambiante de la economía global es el resultado
de una compleja combinación de procesos en los que
participan tanto las empresas multinacionales como los
Estados (Dicken, 1992a, b; 1994)."
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